Dedicarse a la investigación, ¿sí o no?

Las veces que estudiantes de bachillerato o universidad me han buscado para hablar sobre cómo es la carrera científica y, específicamente, la investigación en neurociencias, les digo TODO lo que implica la investigación, lo bueno y lo malo.

Hoy voy a hablar de lo malo.

¿Por qué no dedicarse a la investigación?

Recientemente vi la lista de convocatorias lanzadas por la Unión Europea en el programa Horizon 2020, un programa de inversión en investigación e innovación.

Entre las convocatorias hay varias que buscan promover en los jóvenes el interés por la carrera científica.

Hasta aquí todo parece bien, pues estamos de acuerdo en que Europa, que no tiene muchos recursos naturales, tiene que dedicarse a invertir en ciencia para ofrecer innovación y hacerse a sí misma competitiva.

Pero cuando junto estas “buenas” intenciones con la escasez de plazas de trabajo en las universidades para emplear a un número creciente de PhDs, y con cómo éstos, de ser contratados, lo son en unas pésimas condiciones, a mi hay algo que no me cuadra.

PhDcomic

¿Para qué quiere la Unión Europea fomentar en los jóvenes un gusto por la carrera científica si el futuro económico y profesional de los que ya somos doctores no parece muy halagüeño?

Aquí es donde yo les dejo muy claro a quienes buscan consejo en mi, que:

1. La investigación no es un trabajo, es una forma de vida

Hay que tener claro que cuando uno decide dedicarse a la investigación, está decidiendo una forma de vivir. 

¿Qué forma?

Hoy por hoy prácticamente significa que después del doctorado tendrás que ir de un post-doc tras otro hasta encontrar una plaza fija en alguna universidad o centro de investigación (tal como lo ilustra el PhDComics de arriba).

Esto quiere decir que hasta no encontrar la deseada plaza tendrás que mudarte de ciudad y/o país cada 2 o 3 años con todo lo que ello implica: dejar atrás a tus amigos, dejar atrás a tu pareja (si es que no puede o quiere mudarse contigo), dejar atrás tus cosas (si te has hecho de muebles y demás utensilios difíciles de mover), etc.

2. El dinero no importa, pero importa

Cuando somos jóvenes no tenemos una idea muy clara de qué significa el dinero, ni mucho menos de que sea necesario aprender a administrarlo. No estamos pensando en pedir una hipoteca, ahorrar para la jubilación o comenzar a construir una familia. Lo que nos pagan nos parece más que suficiente para nosotros solos.

Yo siempre cuento cómo mi papá me regaló unos miles de euros cuando terminé mi carrera y cómo me dediqué a hacerlos desaparecer. Ahora yo diría que los mal invertí, pero claro, ahora tengo 31, no 25.

Por eso el sueldo de investigador a los 26-27, que fue cuando yo comencé mi doctorado, nos parece suficiente.

Pero cuando te das cuenta de que durante el post-doc tampoco ganarás muchísimo más, y de que tus posibilidades de llegar al máximo puesto académico (i.e. catedrático) son cada vez menores, y de que es posible que llegues a los casi 40 años empalmando post-docs con un sueldo que apenas llegará a los 2500 E, entonces pensarás: ¿cómo voy a tener una familia con este sueldo y estas perspectivas?

No me malinterpreten, tengo bien claro que la vida no se trata de dinero. Tengo amigos que ganan mucho más que un investigador y que igualmente están hartos de su trabajo, tanto que están dispuestos a ganar muchísimo menos siempre y cuando les guste lo que hagan.

Se trata de un balance entre cómo vives, cuánto necesitas para vivir así y si se te recompensa justamente por tu trabajo.

Los investigadores solemos ser personas sencillas que no necesitamos mucho para vivir. El problema está en que no somos justamente recompensados. Así es, los investigadores estamos mal pagados.

3. Un doctorado es mucho, pero no es suficiente

Y aquí es dónde radica el problema. Porque si bien no es nada nuevo que uno no se dedica a la investigación para hacerse rico, mientras que gente de otras profesiones pueden transitar entre industrias, el investigador tiene las habilidades, pero no los conocimientos, para cambiar de profesión con tanta facilidad.

Por ejemplo. Un Lic. en Administración de Empresas puede dedicarse a la consultoría y, harto de ella, pasar a trabajar en una empresa o una start-up. Ganará menos, pero el cambio no será tan complicado.

Por su parte, un investigador tiene fuertes habilidades que pueden ser útiles en numerosas industrias, PERO no tiene los conocimientos, y las habilidades son más difíciles de demostrar que un título y la experiencia.

Por eso yo les recomiendo que si deciden dedicarse a la investigación, también dediquen tiempo a otros intereses, otros gustos, otras pasiones, incluso si es posible estudien otra cosa al mismo tiempo, más ahora con la disponibilidad de la educación on-line.

Pero el mismo consejo le daría a una persona de ADE o de cualquier otra carrera. Porque uno elige la profesión siendo muy joven y sin saber muy bien en qué consiste el trabajo de verdad, no sólo la teoría.

Así como el investigador puede verse harto de cambiar de residencia, ganar poco y sentirse subvalorado, el Lic. en administración o finanzas también puede encontrarse cansado de la empresa o la banca y querer adentrarse al mundo de la psicología, la biología o la música.

Cierto, nunca es demasiado tarde para aprender y cambiar.

Mi consejo es: coge mi experiencia y empieza ahora.

¿Quieres dedicarte a la investigación pero no te gusta escribir?

Conozco gente que se dedica a la investigación que dice que no le gusta escribir. 

Yo no conozco mejor manera de hacer llevadero el trabajo científico y al mismo tiempo ser exitoso en él, que escribiendo.

Dedicarse a la investigación es más que hacer experimentos. Sí, pasarás mucho tiempo haciéndolos, pero tanto como leyendo, analizando datos y escribiendo. 

Es más, el requisito indispensable para afirmar que tienes una carrera científica exitosa es que has publicado muchos artículos, lo que se traduce en que has escrito muchos artículos y a veces el mismo más de una vez.

Por muchos experimentos que realices, si no te gusta escribir, el trabajo se puede tornar un martirio y un camino seguro hacia la procrastinación (eso que haces en lugar de escribir tu artículo o tu tesis) y al fracaso, porque los artículos no se escribirán solos ni tu jefe los escribirá por ti.

¿Qué hacer entonces si quieres investigar pero no te gusta escribir?

Me gustaría poder haber titulado este post como “3 cosas para evitar escribir durante tu carrera científica”, pero me temo que ya tengo edad para darme cuenta de que:

1. Nada sale gratis, pero un blog sí

Si no te gusta escribir pero estás convencido de dedicarte a la investigación, tendrás que pagar el precio del esfuerzo de escribir, y qué mejor que hacerlo con un blog que no te cuesta un duro.

Y cuando digo blog digo libreta, post its, hojas blancas (aunque éstos si cuestan un poquitín) lo que sea que te sirva para plasmar lo que piensas.

No tienes que hacer un ensayo de ello, simplemente escribe tus ideas. Una línea, un párrafo, una cita.

Usa Tumblr, Notegraphy, WordPress, todas herramientas que te permiten publicar texto en forma de post largo, como este, o como una cita. 

O si tienes espacio y tus paredes son lisas, fórralas con papel para tiza o para marcador de agua y escribe ahí lo que te venga en gana. Lo importante es comenzar a escribir.

2.Conseguir lo que quieres será directamente proporcional al esfuerzo o dinero que en ello inviertas

Para dedicarte a la investigación TENDRÁS que escribir.

¿CUÁNTO quieres dedicarte a ello? Tan grande sea tu deseo, tan grande tendrá que ser tu esfuerzo. 

No cometas el error de pensar que “ya averiguarás qué hacer” una vez llegues a tu objetivo. ¡Soluciónalo ahora!

De lo contrario llegarás a ese punto sin las habilidades necesarias para enfrentarlo y el agobio se apoderará de ti sentado frente al ordenador, odiando hacer eso que ya sabías que no te gustaba y que tendrías que haber aprendido a hacer para que cumplir con los plazos de entrega no se tornase una agonía. En otras palabras, para ser un buen profesional.

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3. No nacemos con todas las habilidades que requiere un trabajo, las desarrollamos

Afortunada o desafortunadamente, según cómo lo mires, esto que describo sucede en todas las profesiones y, si bien es humanamente imposible desarrollar absolutamente todas las habilidades que demanda el mercado, no lo es tener esta única habilidad:

¡Cazador de habilidades!

En la investigación aprenderás muchas cosas y adquirirás diversas habilidades, pero descuidarás muchas otras que se necesitan fuera de la academia.

Tal vez ahora dices “no no no, yo no quiero dedicarme a otra cosa que no sea la investigación, no me veo haciendo algo diferente”, pero el mundo cambia muy rápido y con él las demandas del mercado, así que lo mejor que puedes hacer es anticiparte a ello cultivando ahora diferentes habilidades.

Así como te aconsejo que comiences a cultivar tu aproximación a la escritura, cultiva también tu aproximación a la economía, a la política, a los negocios, a la contabilidad, a las finanzas, al mercado de materias primas, etc.

Aprende ahora cómo se administra el dinero, cómo te afecta la riqueza o carencia de recursos naturales en tu país, cómo condicionará tu vida una u otra mentalidad política, cuáles son tus valores y cómo tu elección profesional encaja con ellos desde diferentes aspectos, por ejemplo, “¿qué tan compatible es una carrera científica con vivir en la misma ciudad o país toda tu vida?”

Cultiva tu habilidad analítica no sólo con artículos científicos, sino con el periódico o con libros de otros sectores económicos. 

¡Y escríbelo todo! Cada insight que tengas sobre cualquier tema, escríbelo.

Porque…

…el primer paso para crear algo novedoso, ya sea un experimento o una empresa, es tener la idea y no dejarla escapar.

Las mujeres científicas: las grandes perdedoras

Voy a ir la grano. La vida para las mujeres pinta muy mal. 

No importa de la zona geográfica de la que hablemos, las mujeres estamos jo… lo tenemos complicado.

En India nos violan, en China nos niegan, en Japón una vez casadas nos hacen amas de casa, en Pakistán nos disparan por defender la educación, en España nos penalizan por abortar, en todos los medios de comunicación nos maquillan, nos recortan, nos adelgazan a golpe de puntero, nos visten y desvisten a su antojo; y, para colmo, en TODO el mundo seguimos ganando menos que los hombres por el mismo trabajo cuando industrias enteras acumulan billones por casi exclusivamente vendernos a nosotras (i.e. no por nada el hombre más rico de España, Amancio Ortega del grupo Inditex, hizo su fortuna con las tiendas Zara)*.

Bueno, excepto en la ciencia. No tengo constancia de que mis colegas científicos ganasen más que yo. En esto estábamos todos igual de infravalorados.

¿Por qué entonces digo que las científicas son las grandes perdedoras?

Científicos ausentes

Ahora se está celebrando en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial (FEM). De los más de 2500 participantes, aproximadamente:

  • 30 son jefes de Estado
  • 1500 vienen del mundo de los negocios
  • 288 son participantes de gobiernos
  • 225 son líderes de medios de comunicación
  • 230 representan a los bancos y mercados financieros

Fuente: http://forumblog.org/2014/01/davos-a-global-community-of-leaders/

¿Acaso ven entre estos puntos una comisión, mínimo un representante, del sector científico? 

Y no me refiero al “científico de renombre” que parasita la investigación cual funcionario, perpetuándose en su plaza de profesor otorgando plazas a dedo. 

Me refiero a una comisión de científicos que hable por todos -doctorandos, post-doctorandos, investigadores principales, profesores asociados y catedráticos-, que abogue por un cambio en el sistema científico, en la retribución de la carrera científica y en los incentivos para dedicarse a ella.

Para un foro que se hace llamar “…una comunidad global de líderes”, los científicos no estamos alzando la voz, no estamos liderando nada, estamos dejando que alguien más lo haga por nosotros, un político o un rector que no es científico.

Porque si todos reconocen la imperativa necesidad de investigación, innovación y conocimiento, ¿por qué no están también en Davos laS personaS de las que se origina todo ello?

Yo me pregunto si nos ignoran o nosotros mismos nos borramos del mapa político-económico, si somos nosotros los apáticos que miramos con recelo a la política y a los negocios en lugar de acercarnos a ellos y con los ojos bien abiertos decirles: “TENEMOS QUE HACER ALGO”.

Porque a mi no me vale que asista el catedrático de renombre a hablar de su investigación mientras una masa de doctorandos ven recortados sus salarios y limitadas sus posibilidades de acceder a ese mismo puesto simplemente porque no hay lugar para todos.

Mujeres, GRAN minoría

¿Y si ahora les digo que de los más de 2500 participantes en el FEM, sólo 375 son mujeres? ¿Cuántas de ellas son científicas? ¿Cuántas de ellas están ahí para abogar por el futuro de la ciencia y de las mujeres en la ciencia?

Si las mujeres ya de por sí parecemos pintar poco (todavía dudo si porque nos borran del mapa o nosotras solas nos estamos boicoteando), las mujeres científicas ya ni se diga.

Y a mi esto me cabrea.

¿Qué está pasando?

Sin negar la desigualdad en oportunidades, en salarios y en el trato que recibimos, también creo que un motivo de esta ausencia femenina es lo que subraya Sheryl Sandberg en su libro Lean In: nosotras no estamos echando para atrás.

Y en el caso de las mujeres científicas aún más, porque la carrera científica no ofrece una trayectoria profesional alentadora.

Recientemente, una estudiante de bachillerato me contactó porque quería saber cómo es dedicarse a la investigación en neurociencias. Le hablé de la parte técnica, de la parte teórica y el estilo de vida que, para como están las cosas, lleva un científico.

Le dejé bien claro que si es de las personas que quiere vivir toda la vida en su ciudad, casarse, tener hijos y no preocuparse por el dinero, la carrera científica no se lo va a facilitar.

phd102309sNo digo que sea imposible hacerlo ni que las cosas no puedan cambiar, pero mientras la comunidad científica en general, y las mujeres en particular, no hagamos valer nuestro liderazgo en el mundo, tengan por SEGURO que no cambiarán.

*Reconozco que estas son generalizaciones basadas en hechos recientes y que ni siquiera yo misma, ni todas las mujeres en el mundo, están cerca de padecer estas injusticias. Sin embargo, hablo en plural porque creo que las mujeres debemos estar unidas en la lucha por los derechos de nuestro género, estén donde estén las mujeres que sufren su ausencia.

De la ciencia a la empresa: ¿Cómo un científico puede cambiar de profesión?

Por los titulares en la prensa hemos sabido que con los recortes en I+D sucediendo en España, varios científicos han abandonado el país en busca de mejores condiciones para seguir con su investigación.

Pero muchos otros que no han marchado se cuestionan si vale la pena seguir en el camino de la investigación o si sería mejor aprovechar la coyuntura para dedicarse a otra cosa.

Sin embargo, existe el prejuicio general de que una persona sólo sirve para hacer aquello para lo que estudió o en lo que trabajó en los últimos años. Así, si en los últimos años te dedicaste a la venta de productos farmacéuticos, habrá quien te diga que no puedes dedicarte a la venta de prótesis dentales, por ejemplo.

Claro que esta estrechez de miras varía según el país, pero no por nada el ejemplo anterior es un hecho real del mercado laboral español.

Si a eso le añades que tu perfil profesional a primera vista pueda parecer totalmente alejado del mundo empresarial, como es el caso de los investigadores, ¿cómo entonces vas a convencer de que puedes trabajar en una empresa aunque no hayas hecho ADE o un MBA? Sigue leyendo

Los 3 errores españoles que Latinoamérica no debe cometer

Existe una triada social que suele obviarse debido al poco reconocimiento que se le da a la ciencia y su papel en la innovación de las empresas, generadoras de empleo.

Me refiero a la triada Ciencia-Empresas-Sociedad.

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En países en los que esta triada es armoniosa, la ciencia recibe apoyo social y empresarial, la innovación es constante y la sociedad se beneficia con bajas tasas de desempleo y una economía productiva y boyante.

Claro que esta relación no está exenta de sus aristas, pero funciona.

Pero en los países que no funciona, y pondré el caso de España (aunque obviamente no es el peor de los ejemplos), las tuercas se han quedado atascadas por miopía política, falta de presupuesto y apatía general.

Llegada la crisis, el gobierno de España (contrario al gobierno de Alemania), decidió recortar su inversión en ciencia. Un país que apenas tiene materias primas no se puede dar el lujo de no invertir en el motor de la innovación pero, como dicen aquí, “Spain is different”.

Sin embargo, como ya en tiempos anteriores a la crisis la relación entre ciencia y empresas no era muy estrecha, no se podía decir que España fuese pionera en innovación. Empresas e investigadores hacían lo suyo y se ignoraban mutuamente. Así, cuando le llegó su crisis a la investigación, a pocos les importó.

Y así, sin cultura innovadora, poco valor se creó, y la crisis le cayó a España como monzón de agua helada. Si antes la triada más o menos giraba, ahora estaba atascada.

Ahora que las cosas les van un poco mejor a los países latinoamericanos, y que comienzan a reconocer el valor de la aportación científica, éstos deben trabajar en que los actores de esta triada no se ignoren mutuamente.

Estos son los errores que a mi juicio cometió España y que la llevaron a esta situación (aparte del pelotazo inmobiliario, por supuesto).

1. “Los negocios son malos porque sólo buscan beneficios”

Por cuestión educativa, el mundo académico suele tener la idea de que los negocios son para gente desalmada a la que sólo le importa el capital. Se tiene esta idea de que las empresas son hermanas del sistema y que sólo existen para exprimir al trabajador.

Pocos ven a las empresas como motores de la economía cuyo objetivo no es meramente conseguir beneficios económicos, sino también ejecutar una idea.

Como los científicos cuando realizan experimentos para testar sus hipótesis, las personas emprendedoras también deben testar sus ideas, sólo que en lugar de hacerlo en un laboratorio las testan en la calle, con personas, descubriendo si éstas estarían interesados en su idea.

Al tener esta idea de las empresas, los científicos pierden la oportunidad de trabajar hombro a hombro con ellas.

Los científicos, en lugar de, mediante las empresas, llevar a las personas sus ideas e invenciones innovadoras, publican sus hallazgos en revistas científicas… y ahí se quedan, en el papel.

Si bien existen las Oficinas de Transferencia de Tecnología con el objetivo de acercar a las empresas a las universidades y viceversa, es un proceso que requerirá tiempo, mas no por falta de medios, sino por la barrera que suponen los prejuicios.

2. “Los científicos son unos cuadrados con los que no se puede trabajar”

Claro está que las empresas tampoco están exentas de prejuicios respecto al mundo científico. Muchos empresarios (y políticos) consideran inútil invertir en I+D en sus empresas. Consideran que es una inversión sin retorno y que mucha de la investigación en las universidades no sirve para nada.

De lo que pecan estas personas es de querer que toda inversión suponga un retorno a corto plazo, sin reconocer que en países como España, con pocos recursos naturales, no invertir en investigación puede significar “pan para hoy, hambre para mañana”.

La investigación es el motor de la innovación y la innovación es el motor de los negocios. Un negocio que no innova es un negocio que se estanca, que no cambia, que no se renueva, que no se encuentra preparado para afrontar las revoluciones tecnológicas y sociales como la actual, en la que Internet lo está cambiando todo pero muchos aún no tienen ni siquiera página web.

Asimismo, tampoco reconocen que el conocimiento que no tiene aplicación práctica hoy, puede tenerlo mañana, y que a fin de cuentas es conocimiento que puede significar las bases de futuras invenciones aplicables y, por lo tanto, comercializables.

De nuevo, como en el caso de los científicos, cambiar esta mentalidad no es una cuestión de dinero, sino de educación.

3. “¿Ciencia? ¿Y eso para qué sirve?”

En todo esto la sociedad en su conjunto tiene mucho que ver. Si la sociedad no reclama apoyo a la investigación, tampoco está apoyando que sus empresas sean pioneras y competitivas. 

De igual manera, si a la sociedad no le interesa formarse, ya no en ciencia, sino en el método científico, lo que estará fomentando es una sociedad sustentada en la fe y la ignorancia, esperando que sus problemas se resuelvan con pócimas y oraciones en lugar de con la experimentación, que consiste en poner a prueba constantemente lo que uno sabe para mejorar la calidad del propio conocimiento.

Lo peor del caso es que esta mentalidad poco proactiva se traslada a todos los ámbitos sociales: a la educación, a las relaciones sociales, a la academia, a la política y a las empresas.

Evitando a toda costa crear discordia a través del pensamiento crítico, las personas optan por creer en sus hipótesis, sus sesgos, sus prejuicios, en sus amigos, en sus profesores, en sus jefes, etc., en lugar de ponerse a prueba para contrastar la veracidad de aquello en lo que sustentan sus ideas, pensamientos y acciones.

Y así, nadie es objetivamente crítico con nada, nadie crea discordia, todos creen que están en lo correcto y nada cambia, es decir, nada avanza.

En el mundo de los negocios, a las empresas que innovan constantemente se les conoce como Lean Startups, porque además de lidiar en ambientes de extrema incertidumbre, se enfrentan a ellos con la actitud de innovación constante.

En mi opinión, también debería haber Lean Academies y Lean People.

Las primeras, universidades y grupos de investigación que innoven constantemente las jerarquías de su administración, sus planes de estudio, su plantilla y su aproximación a la investigación, actualmente alejada de las empresas.

Las segundas, personas que están constantemente renovándose, cambiando, aprendiendo, que no buscan la seguridad de un trabajo sino constantes retos que supongan para ellas un incremento de su conocimiento, experiencia y comprensión del mundo.

Sé que esto no es fácil, que puede ser sumamente retador y agotador, y que no todas las personas podrán hacerlo. Sin embargo, sí creo que es necesario darles un espacio a las instituciones y personas que, como ya algunas empresas, buscan innovar e innovarse constantemente. 

Si la academia y la sociedad no buscan la innovación constante, corren el riesgo de perecer en este mundo vertiginoso. 

De hecho, las universidades ya están teniendo un competidor más sagaz, que es la educación on-line. ¿Qué harán las universidades? ¿Se quedarán sentadas, enfadadas, diciendo que la educación on-line no es profesional? ¿O se pondrán al día y renovarán sus planes de estudio a la velocidad que lo hacen las plataformas on-line?

En resumen, si el engranaje de esta triada no funciona, no es siempre por falta de medios económicos, pero sí siempre por falta de voluntad por parte de todos sus integrantes.

Para evitar que se atasque, o solucionarlo si ya está atascado, hace falta EDUCACIÓN e INNOVACIÓN, y:

  • Que científicos, empresarios y ciudadanos reconozcan la importancia de la labor que todos desempeñan y demanden políticas que las apoyen y promuevan.
  • Que los científicos apoyen a los empresarios y comuniquen a los ciudadanos su trabajo de forma comprensible y estimulante.
  • Que los empresarios apoyen a los científicos y hagan partícipe a la ciudadanía de sus logros, fracasos y procesos de aprendizaje, ofreciéndose para ser mentores de jóvenes que deseen emprender.
  • Que los ciudadanos se interesen por la actividad científica y la emprendedora, buscando cada vez más una forma de acercarlas, mediante la demanda, para que trabajen en conjunto.

Sólo con el reconocimiento de todos los actores que componen el engranaje social, seremos capaces de echar a andar la maquinaria que es la economía, no una ciencia de números, sino de personas.

Sinceramente,

Daniela